Abrí un poco la persiana para que me lleguen los relámpagos. Cerré la puerta, apagué la música y sólo escuché el cielo tronar. Sólo truenos y viento. Aguardaba el momento de oir la lluvia caer. Y en el medio de mi pequeño momento de paz se me nublaron los pensamientos y reflexioné que me dejé llevar quizás demasiado, que tengo un miedo bastante importante a la falta de pequeños detalles, que me gusta estar feliz pero me asusta ser tan poco racional. Y peor aún, que me dejen serlo.
Me acordé, también, que hace un año atrás exactamente me habían partido el corazón en añicos y juré que no volvería a pasarme. Pero supongo que el hielo debe derretirse en algun momento. El problema radica cuando no queda nada sólido, todo es agua que fluye sin freno, sin que podamos hacer nada por detenerla.
Y ahora, de nuevo, tengo miedo de no poder volver a ser hielo nunca, de no estar preparada ni de tener escudos contra la incertidumbre y todo por dejarse llevar como el agua.
Si, se que me contradigo, porque es verdad que me encantó no ser racional hace unos meses y llegar adonde estoy. Pero pasa que soy una maniática, paranoica, insegura y temerosa que tiene que aprender que en la vida hay altibajos que son naturales y no todo es alerta, no.
Afuera llueve, no hay nada que detenga el agua. Envidio la libertad de fluir con naturalidad.

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